Segunda Sesión,
8 de agosto de 2002
Caso 10. Testimonio
del sargento de la PNP, señor José Rafael Vives
Angeles
Salomón Lerner:
La comisión invita al sargento
Técnico de Segunda de la Policía Nacional del
Perú, señor José Rafael Vives Angeles.
Según cuenta el señor Vives, él se encontraba
patrullando la localidad de Bellavista San Martín cuando
junto con sus compañeros fueron emboscados por sesenta
subversivos, fueron atacados con instalasas y metralletas,
falleciendo uno de ellos. La víctima recibió el
impacto de balas en el cuerpo y como consecuencia de los ataques
sufre de una colostomía permanente por traumatismo del
canal digestivo. Y él tiene problemas de salud.
Yo le
ruego, nos ponemos de pie para ...Señor José Rafael
Vives Angeles, usted va a brindar su testimonio ante la Comisión
de la Verdad y Reconciliación y también ante
el país, promete hacer esta declaración con honestidad
y buena fe y decir sólo la verdad sobre los hechos que
va a relatar.
Sí, prometo.
Muchas gracias, pueden tomar asiento.
José Antunez:
Señor Rafael, José Rafael
Vives Angeles, bienvenido a la sala de audiencias, estamos
prontos a escucharle, seguramente tendrá muchas cosas
que decirnos sobre lo que usted ha sufrido. Estamos prestos
a escucharlo.
Rafael Vives:
Muy buenas tardes, gracias doy a Dios en primer
lugar que ha permitido que en este momento permita hacer uso
de la palabra y también en la Comisión de la
Verdad y Reconciliación.
Estoy aquí porque también quiero unirme al dolor
de muchas víctimas porque con esto también quiero
colaborar con un granito de arena en la paz y en la reconciliación
de nuestro amado país. Soy el Técnico de Primera
en retiro de la Policía Nacional, José Rafael
Vives Angeles, de cuarentitres años de edad, ingresé a
la escuela en el año ochentidos.
En ese tiempo era la
Benemérita Guardia Civil del Perú.
Soy promoción ochentidos y los lugares por donde yo
he prestado servicios, son el Callao, en la setenta comandancia,
en Cajamarca, en la provincia de Chota, luego en Ayacucho.
Después llegué a Masamari, a la Cuarentiocho
Comandancia. Los Sinchis de Masamari y luego estando de vacaciones
llegué a seguir el curso de Salvataje, aprovechando
mis vacaciones y luego llegué voluntario a la ciudad
de Bellavista.
Quiero hacer un recuento de todo este tiempo
que la institución
me dio la oportunidad de poder servir, con muchos deseos y
estando nuestro Perú, en esta guerra subversiva, sentí el
deseo de poder entrar a las filas de este instituto, a la cual
yo doy gracias por haberme dado la oportunidad de poder ser
uno de las personas que ha dado parte de su cuerpo por la ansiada
pacificación de nuestro país.
Llegué yo a Ayacucho, luego de estar cuatro o cinco
años en Ayacucho pasé a Masamari donde ahí me
preparé no solamente para enfrentar al enemigo en lo
que es, en la tierra sino en el aire y en el mar. Quise prepararme
para así de esta manera ser un combatiente completo,
que pueda servirle a su país. Como dije, por tierra,
por aire, por mar.
Ese fue mi deseo siempre de poder poner
mi pecho como muchos de mis colegas cayeron y hoy por misericordia
de Dios, estoy
frente a ustedes. En una emboscada terrorista por Sendero Luminoso
que con un impacto de bala que ingresó por el glúteo
derecho, destrozó mi ano, mi recto. Yo en este momento
no defeco por mi recto, yo tengo una bolsa acá, tengo
una operación que se llama colostomía, a la cual
por ahí defeco, en la cual no me avergüenzo. Porque
si caí herido lo hice en defensa de mi patria. Y si
ahora lo que tengo, estoy orgulloso de haber de esta manera
parte de mi cuerpo por mi país, que tanto necesita.
En Masamari me preparé en los cursos de contra subversión,
en los cursos de paracaidismo, operaciones en selva con los
Boinas Verdes. Ahí me formaron como un verdadero combatiente
a la cual yo doy gracias a mis instructores y a todos y cada
uno de mis hermanos Sinchis, lo cual hoy les mando un saludo
fraterno con un Sinchi característico.
En esta unidad
que se creó el veintiuno de julio de
mil novecientos sesenticinco, fue una unidad que se creó para
poder llegar a la ciudadanía en ayuda, en socorro de
la población. Esta unidad fue creada en el centro mismo
de nuestro Perú, en la mitad de Tumbes a Tacna y de
Lima a Iquitos, lugar estratégico para que de ahí,
salieran al norte, al sur así como a la selva y a la
costa.
Se creó con una escuela por americanos, allí nos
formaron y hay muchos, muchas cosas que hizo esta unidad. Yo
sé que al escuchar la palabra Sinchi, vienen recuerdos
de amargura, de resentimiento y de dolor, pero así como
hubo excesos, lo cual nosotros reconocemos, hubo excesos, hubo
maltratos, pero también hubieron muchas cosas buenas,
como en las del setenta. Allí cuando llamaban a un grupo
de paracaidistas de la Marina, de la FAP y del Ejército.
Y no podían.
En el terremoto del setenta cuando Huaraz
estuvo aislado, llamaron a los Sinchis y los Sinchis fueron
pensando en el
dolor, en la tragedia y ahí saltaron los Sinchis, a
pesar de que todo estaba nublado, saltaron los Sinchis y los
niños de Huaraz, reconocían ahí vienen
los angelitos con víveres, con medicina. Esa es una
de las tantas cosas que hizo esta unidad.
También en Jaén, en las guerrillas del sesenticinco,
en Ayacucho. En el Huallaga y en diferentes lugares se encuentran
mis hermanos Sinchis. Yo por eso hoy públicamente quiero
pedir perdón por esos excesos cometidos de algunos de
mis hermanos Sinchis, quiero pedirles perdón públicamente
a todas aquellas personas que sufrieron violación de
los Derechos Humanos.
Yo sé que si nosotros dejamos de ver lo negativo y
vemos lo positivo, la balanza se inclina en un ochenta por
ciento porque no podemos generalizar a todos. Esa unidad se
creó y hizo tanto bien al Perú y muchos hermanos
Sinchis que han sufrido más de una emboscada o atentado,
cuatro, cinco seis, muchos que ofrendaron sus vidas y que nadies
hasta ahora ha reconocido y han quedado en el anonimato.
Yo
ahora, les voy a contar mi testimonio. Estando en Masamari,
sufrí una emboscada el treinta de julio en el cruce
de Nueva Jerusalén y La Florida. De siete que éramos
mataron a cinco. Ahí cayeron cinco valerosos Sinchis,
que dejaron viudas, huérfanos, ¿quién
lo reconoce eso?, Dios es testigo. Se llevaron el armamento,
los torturaron, quedé con vida por gracia y misericordia
de Dios. Me dieron vacaciones, llegué a salvataje.
En
salvataje siempre con ese deseo de poder seguir luchando por
la paz. Pidieron voluntarios para la ciudad de Bellavista,
una ciudad que también el personal policial había
cometido excesos. Derribaron una avioneta con diecisiete pasajeros
y ahí venimos por parte del comando cumpliendo una misión,
una consigna de recuperar la confianza de la población
en la policía. Hemos estado un mes y medio ahí recibimos
insultos, ahí recibimos rechazo, desprecio pero la consigna
era de que ganemos la confianza nuevamente de la población
y la policía. Y así se hizo durante un mes.
Solícitos, prestos a las intervenciones, a las denuncias
y es así como nuevamente la ciudad de Bellavista, recuperó la
confianza en la Policía Nacional. Y en una intervención
a las diez de la mañana salimos ahí en el mismo
pueblo a intervenir por un robo de ganado, donde fuimos sorprendidos
por grupo de Sendero.
Ese día señores, iban a atacar Sisa y Sisa es
el puesto más cercano a Bellavista. Los subversivos
pensaban de que nosotros íbamos a darles apoyo, pero
ahora que se trata de hablar la verdad. La verdad digo y Dios
es testigo, ese puesto con ventidos hombres tenía solamente
seis fusiles, porque once fusiles fueron a pasar peritaje balístico
a Tarapoto. Donde no regresaron.
Ventidos hombres con seis
fusiles, en esa intervención
salimos con tres fusiles y con ametralladoras MGP, que no son
aptas para un combate así en este lugar. Y ahí fuimos
sorprendidos. El que habla y seis efectivos iban a la intervención
y fuimos sorprendidos por este grupo de bloqueo de Sendero
Luminoso, el cual con una granada Instalasa, que entró por
el parabrisa de la camioneta le voló los dedos al chofer,
impactó la granada Instalasa en la pierna del teniente,
pasando la puerta y estallando en la marginal. Y ahí fuimos
recibidos por una lluvia de balas.
Estando yo en la parte de
atrás de la camioneta cuatro
por cuatro, junto a mi colega, difunto ahora y al frente de
tres personal subalternos, fuimos el escudo de ellos. Mi colega
que estaba a la izquierda le cayó una ráfaga,
agarrando yugular y corazón, que al instante quedó muerto.
El que habla que iba con una mochila con munición trescientos
cincuenta cartuchos, fue impactado también.
Pero, gracias
a Dios, esas, esos proyectiles no llegaron a perforar los intestinos.
Uno de ellos que impactó por
el glúteo derecho destrozó mi recto, mi ano.
Afectando el canal anal con traumatismos severos. Y afectando
el esfinter del recto. Ahí fue donde yo caí sobre
el difunto y mis compañeros fueron en busca de ayuda.
El teniente que iba adelante con el chofer que fue impactado
con este Instalasa, de la rodilla le colgaba un pedazo de tendón
y un pedazo de suela. Lo único que había quedado
de su pierna. Y estando así, salió valientemente,
con su armamento.
El que habla, cuando mis colegas se fueron
a buscar ayuda, pensando de que estaba muerto, por los impactos
porque mi cuerpo
tenían ocho huecos, escuché débilmente, ¡vámonos
porque ya esta muerto!, pero ahí yo dije entre mí,
yo no estoy muerto y me paré. Y como pude me tiré de
la camioneta. Y en esa vuelta de liberación me dio un
vaído, miré blanco, yo pensaba que ya estaba
en la presencia de Dios. Pero recuperé el conocimiento
y me di cuenta de que estaba en pampa abierta regalado, a merced
del enemigo y lo que hice fue cubrirme tras una vegetación.
Y desde ahí con el teniente que se encontraba al otro
lado, hemos podido repeler ese ataque. Mientras el enemigo
se acercaba a la camioneta, nosotros disparábamos ahí.
Mi armamento estaba rastreado y sin seguro. Tenía treinta
balas y en ese momento que yo quise para ver si podía
cambiar la cacerina de mi fusil, no tenía fuerzas. Estaba
tan débil que no tuve fuerzas.
Entonces, yo contaba
solamente con treinta cartuchos, a pesar de que tenía las balas y más cacerinas, pero
de que me valía sino tenía fuerzas para cambiar
y para sacar la cacerina. Entonces, pensé y empecé a
disparar en tiro por tiro. Y es así como tuvimos a los
subversivos al margen. Luego de dos horas vino una patrulla
mixta del Ejército y la Policía Nacional, donde
ahí nos rescataron.
Cuando nosotros llegamos a Bellavista,
empezamos a hacer acción
cívica. Y habían muchos comerciantes que pagaban
cupos a los subversivos. Y cuando llegamos les dijimos -nosotros
los vamos a proteger, dejen de pagar cupos- Y para que vean
que se cumple lo que hice ¿no?, que el que siembra,
cosecha. Nosotros sembramos acción cívica, nosotros
sembramos buen trato a esas personas.
Cuando llegué a la posta médica, el médico
me tendió en una camilla pensando de que mis intestinos
se habían, habían sido perforados como que ya
no iba a vivir. Mientras que al teniente le cortaban el tendón,
le ponían ampollas para la infección y el dolor.
Mientras yo en la camilla, de repente ya como quién
dice olvidado.
Y gracias a Dios, uno de los comerciantes tuvo
a bien, movido por la misericordia de Dios, pagar una avioneta
para que nos
lleve desde Bellavista hasta Lima, porque nos desangrábamos.
Y ya no podíamos seguir ahí en esa posta, que
tenía los mínimos cuidados.
Fue así como nos embarcamos en una avioneta y a propósito
quiero darles gracias desde aquí a esta persona que
tuvo esa amable gesto. Yo sé que Dios, lo va a retribuir
por lo que hizo. Porque sino hubiera sido por él ahorita
no lo estuviera compartiendo en este momento.
Fue así que por la emergencia y por la gravedad no
pudimos llegar a Lima y la avioneta aterrizó en Tarapoto,
porque necesitábamos sangre. Y fue así como llegamos
a Tarapoto y ahí nos dieron los primeros auxilios. Este
es mi testimonio, cómo sucedió esta emboscada.
Y ahora ya en el hospital, luego de haber sido un hombre preparado,
para servir a mi patria en al aire, en el mar y por tierra.
Imagínense, me sentía limitado. He estado de
tres a cuatro meses en el departamento de cirugía general
al cual agradezco el cuidado y la atención del personal
médico y de enfermeras, así como a las auxiliares.
Hicieron lo que pudieron.
Le doy gracias y también pido que el señor lo
retribuya. Yo necesitaba de un especialista, de un proctólogo,
lo cual nuestro hospital central no cuenta. Y por ese motivo,
mi ano que llegó ahí al hospital como la boca,
sin exagerar, como la boca de un tiburón, así llegó mi
ano. Se fue cerrando con una cicatriz, en término médico ¿no?,
se hizo, se cerró el ano.
Ahorita mi ano y mi recto
está sellado, cada cierto
tiempo me da infecciones que pasa de cuarenta de fiebre y tengo
que acudir nuevamente al hospital, ¿para qué?,
para que me den el tratamiento. Tengo once años en esta
situación. Yo sé que hay un Fondo de Seguro Policial,
el cual ve por la recuperación y el tratamiento y si
de ser posible, los viajes al extranjero. He solicitado por
tres veces, hasta ahorita no he obtenido ninguna respuesta.
Yo espero ahora, si el Presidente de la República,
del señor Ministro y la doctora Defensora de la Policía,
escuchan este testimonio, que por favor atiendan mi solicitud.
Así como también pido a la Comisión de
Verdad y Reconciliación, que tengan en cuenta mi solicitud.
Porque hay un presupuesto, porque es un derecho. Cuando un
policía cae en estas circunstancias tiene el derecho
de tener su rehabilitación, de ser posible en el extranjero.
Hoy señores, quiero contarles lo que pasé en
mi casa, como le digo, luego de ser esa persona, ese combatiente
operativo, me sentí limitado. Lo que es más llegaron
complejos a mi vida, yo no me podía reunir con nadies.
Yo utilizaba una bolsa de kilo acá, con una boca de
un frasco Protiban, la cual hice dos aberturas y le puse un
elástico. Y cuando yo defecaba, salía el mal
olor y el primero que lo sentía era yo. Y me sentía
con esos traumas y complejos que apestaba y no acercaba a nadies.
Sufrí muchos momentos de incomodidad así como
en mi cama, yo no tengo continencia. Cuando evacuó sale
en cualquier momento, yo no lo puedo detener y en muchas veces,
me he ensuciado en la cama como un niño.
En muchas veces
caminando esas bolsas de a kilo, ¿ustedes
saben cómo son las bolsas de a kilo?, salía el
mal olor, muchas veces he sufrido de insultos, burlas, cochino,
asqueroso, pero saben que, me alentaba algo. La satisfacción
de haber podido dar parte de mi cuerpo un granito de arena
por la pacificación de mi país, no lo hice robando,
no lo hice abusando de la gente. Lo hice en defensa de mi Perú.
Del cual no estoy arrepentido.
No estoy arrepentido, solamente
le pido a esta Comisión
de la Verdad y Reconciliación que considere mi caso
porque es posible una operación en el extranjero. Hoy
en día están operando . están haciendo
reconstrucción del esfinter del recto. Y por favor quisiera
que tengan en cuenta mi pedido.
He solicitado, como digo en
tres oportunidades y hasta ahorita no tengo respuesta. Los
momentos que pasé en mi casa,
le doy gracias a mi familia. Tengo nueve hermanos, cinco mujeres,
cuatro hombres. Soy el segundo varón. Esto afectó a
mi familia.
Estando aquí en Lima, estuve con mi hermana Celia a
la cual yo le doy gracias por todo lo que soportó, por
todo lo que en esos momentos que yo me sentía impotente
de hacer muchas cosas y no podía, ella me soportó como
una madre, como una amiga. Como una esposa que no tengo. A
pesar de los cuarentitres años, sigo soltero.
Y buscando
el afecto maternal en las personas, porque también
soy huérfano de madre desde los once años. Mi
hermana es testiga de todas las cosas que me pasaron. De cuántas
veces me refugié en el trago por la impotencia de no
ser ese mismo hombre que era antes y así pasé un
montón de cosas. Pero hoy quiero abreviar y así como
mi hermana Celia, mi hermana Inés, son los que me han
ayudado a poder soportar tantas cosas que a nadie le deseo.
Hoy también quiero dirigirme a estas personas que han
sufrido dolor, sufrimiento. Yo también he sido víctima
de la violencia subversiva, con la diferencia de que yo me
enfrentaba al enemigo para poder impedir que nuestro Perú,
siga sangrando. El enemigo no se veía, no es fácil.
En una guerra convencional tú ves al enemigo y sabes
quién es. Pero en esta guerra subversiva tú no
ves al enemigo pero el enemigo se te ve a ti, porque tu eres
blanco, porque estás con el uniforme.
Es así que a veces uno tenía que desconfiar
de su propia forma. Así nos prepararon, así nos
prepararon. Ahora comprendo a muchos combatientes, nos prepararon
para enfrentarnos al enemigo, pero no nos prepararon para enfrentar
esta situación en la que estamos. Y esto ha sucedido
no solamente en el Perú, sino en Estados Unidos, con
los combatientes de Vietnam, también ellos han sufrido
una serie de cosas por la violencia, por la guerra. Cuánto
más nuestro país.
Por eso yo también sugiero a la Comisión de
la Verdad para que se busque un tratamiento espacial para las
personas que han sufrido esta clase de atentados. Hay muchos
hermanos Sinchis ciegos, mutilados de pies, manos. Para eso
no nos preparamos. Para enfrentar eso no nos prepararon. Por
eso que con todo el respeto que se merece sugiero a la comisión
que tenga en cuenta esto.
Hoy quiero dirigirme a todas esas
personas que como yo también
sufrieron y dieron cabida al odio, al rencor, al resentimiento.
Así como le dije, hay un enemigo que no vemos. Hay un
enemigo del Perú y del hombre que es el que pone el
odio, la rebelión y mira ¿quién es?, hoy
el señor lo desenmascara, mientras que Dios te dice "ama
a tu prójimo como a tí mismo", el enemigo
que tú no lo ves, pero que es tan real te dice odia,
rebélate, resiéntete. Y el señor Jesús
dijo una vez "el que no es conmigo, contra mí es".
A ti te digo, viuda, huérfano, hermano, mutilado. Leí un
dicho "para que el hombre haga cosas de calidad, primero
tiene que mejorar la calidad del hombre". Señor
Presidente de la República, señor Ministro, hay
que mejorar la calidad del policía. Pero, también
hay una cosa que nos mandó el señor Jesús
y dijo "guarda tu corazón sobre toda cosa guardada".
Por el enemigo que no vemos hemos acumulado odio, rencor, resentimiento,
ira, falta de perdón. El señor nos dice que si
tu no perdonas a tu prójimo, él tampoco te perdona.
Hoy desde aquí quiero pedir perdón y quiero
unirme a muchos que voluntariamente también desean hacerlo,
perdón por los excesos, por los maltratos. Pero también
perdono a aquellos que me atacaron y no solamente los perdono
sino los bendigo en el nombre de Jesús. Porque ¿saben
qué?, no eran ellos, fue el enemigo que puso rebelión,
que puso engaño en sus corazones. Hoy el señor
permite de que ese enemigo se descubra y ese enemigo es Satanás,
el que vino a robar, a matar, a hurtar, a destruir, te roba
tu salud, te roba tu gozo, destruye los matrimonios y te destruye
con el odio y el rencor.
Yo te digo una cosa, Jesús fue la primera víctima
de la tortura, del maltrato. Fue el primer inocente que cayó.
Y sabes qué, desde la cruz dijo -padre perdónales
porque no saben lo que hacen-. Hoy que el señor ha permitido
este momento y que ha levantado esta comisión porque
les digo otra cosa, que no hay autoridad sino de parte de Dios
y las que hay por Dios, han sido establecidas.
De tal manera
de que el que se opone a la autoridad, a lo establecido por
Dios, resiste y lo que resiste acarrea condenación
para sí mismo. Démosle el tiempo, tengamos paciencia
porque si ellos están acá, la Comisión
de la Verdad y la Reconciliación es porque Dios lo ha
permitido para que salga a la luz todas esas cosas que hemos
pasado, maltratos, abusos, violación de los Derechos
Humanos. Démosle el tiempo, el señor ha levantado
esta comisión, el señor le va a dar sabiduría.
Por eso que entendí que como autoridad, que como policía,
el señor me había puesto así como al Presidente
de la República, a los ministros, a los jueces, los
fiscales y alcaldes y a toda persona que tenga autoridad y
clemencia y a ti padre de familia, el señor también
te levantó como autoridad en tu casa.
Como autoridades
hoy día rendiremos cuenta delante
de Dios. No somos quién para juzgar, cada autoridad
va a rendir cuenta delante de Dios. Y hoy que se trata de sacar
la verdad, que el señor le dé sabiduría
a ayude a esta Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Y si nosotros sin darnos cuenta hemos caído en rebeldía,
en resentimiento, en odio y amarguras, ¿sabes por qué?,
porque también esta escrito "mi pueblo fue destruido
por falta de conocimiento", no sabíamos nosotros
o algunos sabíamos y no lo poníamos por obra.
El señor dice ama a tu prójimo como a ti mismo.
Hoy señores, quiero unirme a ese dolor, a ese resentimiento
y quiero unirme también a la reconciliación.
Pero primero, tenemos que reconciliarnos con el que esta en
los cielos. A él le fallamos primeramente y también
leí en un pasaje que no es en tus fuerzas, que no es
con espada, que no es con ejércitos sino es con la ayuda
de Dios. Y si tú crees que por tu resentimiento, por
tu amargura, vas a conseguir las cosas. Aparte de que estás
obrando en contra del mandato de Dios, pues las cosas no van
a salir bien.
Necesitamos de la ayuda de Dios, sí el hombre no necesitara
de la ayuda de Dios, Jesucristo no hubiera venido. Pero ¿sabes
qué?, Jesucristo quiere ayudarnos. Así como me
ayudó a mí, a poder superar estos traumas, así el
señor quiere ayudarte a ti mujer, niño, señorita
a superar este dolor. Porque no solamente es la indemnización
lo que te va a sacar adelante sino primero que tú sientas
paz en tu corazón. Este es mi mensaje, este es mi mensaje
de reconciliación. Esto es aquello que yo apliqué y
esto me ha dado un buen resultado.
Ahora, el señor Jesús es mi fortaleza, él
me sostiene durante once años. Y es por eso que para
terminar este mensaje yo llamo a todo el Perú. Escuché ayer
que muchos quieren dejar el odio, el rencor y que nos unamos
como un solo peruano, que quiere y se ha cansado de la violencia,
del terror. Yo me uno a ustedes, a la Comisión de la
Verdad y Reconciliación y quiero terminar esto con una
oración. En primer lugar reconciliándonos con
el padre y en segundo lugar pidiéndole a Jesús
que ayude a nuestro país para salir adelante.
Sabes
que, hay una promesa que dice "si se humillara
en mi pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y llorare
y buscare mi rostro y se convirtieran de sus malos caminos,
caminos de odio, de rebeldía, de rencor, de resentimiento.
Entonces, yo iré desde los cielos, perdonaré sus
pecados y sanaré su tierra".
El señor quiere sanar nuestro Perú, de tanta
violencia, de tanto terror, de tanta corrupción. Es
tiempo hermanos, es tiempo amigos que le digamos basta a la
violencia, que le digamos basta a la corrupción, al
odio, ¿por qué?, porque el odio está minando
y el odio te esta terminando pero hoy que el señor ha
desnudado al enemigo públicamente. Hoy vamos a avergonzarlo
y vamos a pedirnos como un solo hombre, como una sola mujer
y vamos a pedirnos perdón, pero primero reconciliémonos
con el señor.
Si están de acuerdo y me permite la Comisión
de la Verdad y Reconciliación, hacer una oración.
Por favor y si alguien que me está escuchando quiere
unirse, también hoy es el tiempo de unirnos. Estamos
cansados ya de la violencia, estamos cansados ya de tanto terror ¿Saben
qué?, el único que nos puede ayudar es Jesús.
Ningún hombre va a cambiar nuestro país. Solamente
la ayuda de Dios, hará que nuestro país cambie
y dónde hay violencia, él va a poner paz y dónde
haya amargura él va a poner gozo. Pero es necesario
que hagamos una oración.
Por eso si me acompañan, quiero clamar al Dios Altísimo,
al Dios que vive y reina por los siglos, de los siglos. Aquel
que escucha, aquel que vive y decirle Señor Jesús,
perdónanos, padre hemos dado cabida al resentimiento,
hemos dado cabida a la rebeldía, señor. Hemos
dado cabida al odio, hemos dado cabida señor a la violencia,
pero hoy invocamos tu nombre señor. Y nos aferramos
a esa promesa y te pedimos perdón señor. Queremos
reconciliarnos contigo en primer lugar señor. Queremos
reconciliarnos contigo señor padre y mi Dios, queremos
que tu nos ayudes padre y sabiendo de que tú eres el único
que muda los corazones, hoy te decimos señor Jesús,
ven a nuestro corazón. Entra a nuestro corazón
señor y saca todo odio, todo rencor, señor saca
toda falta de perdón padre y pon tu paz, señor.
Tú eres la fuente inagotable señor de amor y
de misericordia, señor que amor padre, ese amor que
te ayudó a soportar en la cruz del sacrificio padre,
con mi Dios, señor se ha derramado hoy en nuestros corazones,
padre, señor toma el control de nuestra vida señor,
toma las riendas señor de nuestra vida, enderézalas
y llévanos por caminos de justicia, caminos de paz,
de obediencia, de santidad. Te doy gracias señor, gracias
padre porque tu promesa se va a cumplir señor y tu vas
a sanar nuestro país, señor, nuestra costa, nuestra
sierra y nuestra selva, señor será testigo de
tu poder.
Será testigo de tu gloria señor, hoy padre,
hoy yo te doy gracias porque te hemos dado la oportunidad que
tanto tiempo tu esperabas, porque tu dijistes yo estoy a la
puerta y llamo. Si abres la puerta de ti corazón entraré a
ti, cenaré contigo y tú cenaras conmigo. Es un
tiempo de comunión, es un tiempo de relación
con Dios. Gracias señor. El ejemplo que nos apartamos
de Dios. Yo les digo hagamos remembranzas, un instante. Hace
trentaidos años, ¿cómo era nuestro país?,
y ¿cómo es nuestro país ahora? Pero al
mismo tiempo ¿cómo se festejaba o celebraba una
semana santa?, había temor de Dios, había respeto
a Dios.
Cada uno de esos tres días de semana santa buscaba
Dios en la radio o algunos que tenían televisión
y se acercaban a Dios y cómo estábamos en el
fútbol. Entre los ocho primeros del mundo, en el voley
potencia, en la pesca los primeros productores de pescado en
el mundo. En la economía, una de las economías
mejores que en toda Sudamérica. Y hoy que ha pasado,
el pueblo de Dios, se ha apartado de Dios, ¿cómo
hoy es una semana santa?
Muchas veces oramos que se haga tu
voluntad aquí en
la tierra como en el cielo. Pero hacemos lo que nos conviene
y por el hecho de apartarnos de Dios, estamos sufriendo la
consecuencias. Por eso que esta reflexión, que este
mensaje llegue y le doy gracias una vez más a la comisión
por darme esta oportunidad de compartir este testimonio públicamente.
Oro también para que el señor los ilumine y les
dé sabiduría y saque a la luz toda la verdad,
porque Cristo es la verdad, Cristo es la vida. Gracias, muchas
gracias.
José Antunez:
Señor José Rafael Vives,
gracias por el mensaje que nos da y tomamos en cuenta todo
lo que nos ha dicho, felicitamos el hecho de pedir perdón
en nombre de la institución por los excesos que ha habido,
en todas partes los hay. Esperamos que todo esto se corrija,
que todo esto, lo que usted pide se realice en nuestro Perú.
Gracias.
Salomón Lerner:
Señores vamos a tener un receso
de diez minutos y luego continuaremos con esta sesión.
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