Segunda Sesión,
8 de agosto de 2002
Caso 8. Testimonio
del señor Angel Tello Muñoz
Salomón Lerner:
Invitamos al señor Angel Tello
Muñoz, se aproxime a este estrado para brindar su testimonio.
El señor Tello, según el refiere fue detenido
en la ciudad de Aucayacu junto con otros ciudadanos, siendo
acusado de terrorismo. Fue trasladado a la base de Los Laureles,
donde fue torturado cruelmente, juzgado por el Fuero Militar
y sentenciado a treinta años de prisión. Luego
de interponer recurso de nulidad, su caso fue derivado al Fuero
Común, en donde fue absuelto.
Ruego a todos los presentes
se coloquen de pie. Señor
Angel Tello Muñoz, usted va a brindar su testimonio
ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación
y también lo va hacer frente al país. Promete
solemnemente hacer su declaración con honestidad, con
buena fe y decirnos sólo la verdad sobre los hechos
que va a relatar.
Sí juro.
Muchas gracias, pueden tomar asiento.
Rolando Ames:
Señor Angel Tello, la comisión
está para escuchar estos testimonios y sabemos bien
que es muy duro para ustedes, que pueden algunos casos tener
riesgos, gracias por venir aquí y por dar su testimonio.
Lo escuchamos con toda atención y con todo respeto.
Puede usted hablar.
Angel Tello:
Bueno, ante todo quiero agradecer a la Comisión
de la Verdad por darme esta oportunidad de decir lo que siento,
de lo que he pasado, la injusticia que se ha cometido ante
mi persona, porque todos creen y soy inocente y he sido acusado
injustamente, traición a la patria y mi sentencia iba
a cumplir en Chayapalca, pero no sé que pasó,
me mandaron a Huánuco, pero ante todo quiero decir una
cosa, presentarme primeramente. Soy Jorge Angel Tello Muñoz,
vengo de la ciudad de Lima, nacido en Lima, mis padres es huanuqueño,
mi madre iqueña.
Mi señora esposa que está acompañándome
aquí, que sabe la realidad más que yo porque
ella es lo que ha pasado todo lo que no tuvo que pasar. Ante
todo digo, es algo doloroso volver a vivir todo lo que he pasado
yo. Es un sufrimiento, mi familia, mis padres, mis hijos, más
que todo abandonados por una mala injusticia que se hizo y ¿quién
me lo hicieron?, el ejército y la policía. Por
una mala investigación. Por no investigar bien las cosas
que realmente se tuvo que hacer, pero ellos con agarrar a gente
inocente, gente campesina porque yo también era un campesino.
Porque mi padre compró una chacra a cinco kilómetros
de Aucayacu, se llama Río Frío, Pedrenal. Y en
esos días hubo un atentado en Río Frío,
que murieron seis personas y eran arrepentidos, según
versiones que hubo. Gente arrepentida que era senderista. Pero
después, según cuentan versiones que se arrepintieron
y trabajaban con la policía, tirando dedo cada gente
inocente, gente campesina. Porque venía el ejército,
tenías que darle lo que pedía. Venía subversión,
tenías que darle porque estabas entre la pared y la
espada.
Pero ahora yo digo, ¿por qué no hicieron una
buena investigación?, ¿por qué se la agarró conmigo?
Ese grupo que le decían capitán Alí, que
todo el mundo yo sé que lo conoce acá. El temible
del Alto Huallaga, que todo el mundo le temblaba. Más
que todo, digo ¿no?, que él me ha hecho un daño
ante mi persona, mi dignidad me bajó por los suelos
y le voy a contar mi historia, ¿cómo fue mi detención
el ciudad de Aucayacu?
Un día seis de junio del noventinueve, Crespo Castillo,
salí a hacer mis compras, a comprar mis víveres,
yo era agricultor. Llevaba naranja, yuca a la ciudad de Huánuco,
así cada tres días, cuatro días. Salgo
a comprar mis víveres para poder dar a mi gente, contratar
a mi gente. Y me fui a tomar una chicha de jora en un restaurante,
con un amigo.
Estuve tomando dos vasos y llega este señor, que le
dicen capitán Alí. Con las fuerzas combinadas,
que es la policía y el ejercito y me encañona
y me dijo - a ti te estábamos buscando, desgraciado,
matón, terrorista- y yo le dije, ¿qué pasa
señor yo a usted no lo conozco, se ha equivocado conmigo?
Ni bien hablé, me agarró a golpes y como si
fuera un animal, me metió amañándome mi
manos a la camioneta y pisando mi cara. Todo dejé. Me
llevaron a proyecto, que es la policía. Estuve ahí una
hora, de ahí me trasladaron al ejército, que
es la base de Aucayacu, donde fui torturado cruelmente como
un animal. Y eso no se hace a una ser humano. Y este señor
como dice, ahora se limpia las manos como Pilatos, que él
no fue.
Tengo las huellas de las torturas, he sido operado,
casi me revienta los pulmones. Estuve, al día siguiente me trasladaron
a la ciudad de Tingo María, que es Rupa Rupa. Que es
la base Laureles y me dijo -ahora vas a cantar, no quiere hablar,
vas a decir todo, decir ¿dónde están tus
amigos?, ¿dónde están tus colegas?, ¿dónde
están los matones que me has querido matar?-.
Yo le
digo, -usted se ha equivocado señor-, ahora van
a caer tus compinches y te van a tirar dedo. Yo le digo -señor,
yo soy inocente, no sé por qué usted me acusa
de terrorismo-. Pero, él cruelmente me llevó a
Los Laureles y cada hora, cada minuto, cada noche me sacaba
de ese encierro. Era una, como les puedo decir, una celda como
para una persona, pero ahí nos metían diez. Estaba
parado toda la noche y te bañaban de agua. Prácticamente,
en tu cuerpo se secaban todo.
Pero, que pasa este señor no tenía compasión
de mí, yo le lloré, le supliqué, le dije
que por favor, ¿por qué?, yo no hecho ni un daño,
yo a él no lo conocía. Pero él se ensañó conmigo,
se ensañó conmigo. Inclusive tengo amigos, somos
siete del caso, somos siete del caso que nos agarraron, nos
inculparon. Hay cinco personas que son mis amigos, son compañeros
de trabajo, son agricultor, así como yo he sido. Cinco
con cadena perpetua, sin encontrarnos ni una aguja. Prácticamente
dos, treinta años, el que habla y otro vecino mío,
que es motocarrista.
En Los Laureles me torturaban, me torturaban.
Mi hermana iba a pedir razones, a pedir informaciones sobre
mí, porque
sabía que yo estaba detenido pero no le daban razones
y gracias a una institución que yo agradezco bastante,
que es la Cruz Roja, que intervino inmediatamente, gracias
a mi señora que dio parte a la Cruz Roja. Tomó mi
nombre y no me desaparecieron, porque a mi me iban a desaparecer.
Porque el capitán Alí, su misión era
desaparecerme, a todos. Y yo digo, tanta injusticia se ha cometido
ante mi persona. Fui cruelmente torturado. Otra cosa que yo
a ustedes les cuente y no creerán, pero otra cosa que
ustedes lo vivan lo que yo he vivido, hambre, frío,
precipecia, torturas. Te colgaban como peor un animal. Ahogamiento,
ace, lejía, golpes, estómago, corriente en los
testes.
Esa era tortura y para no escuchar, ¿saben lo que hacían?,
prendían alto volumen la música, pa no escuchar
la bulla de lo que gritabas, lo que uno gritaba a llanto. Eso
no se lo deseo a nadie ni a mi mejor enemigo, todos somos seres
humanos. Pero lo que me pasó a mi es algo insólito.
Mi familia quedó en el abandono, mis hijos en abandono.
Y yo le dije a ese señor -por favor yo soy inocente-,
no creía mi inocencia. No creía el señor
mi inocencia. Y ahora ese señor está campante,
trabajando. Esta campante trabajando, como si no hubiera pasado
nada. Y siempre me cruzaba por la calle.
Se sorprendió cuando yo salí en libertad. Por
eso yo digo, qué injusticia se cometió esos años,
esos atentados que habían. Ahora sus compinches, su
gente que esta ahorita, estaba trabajando con él, esos
verdaderos como dicen, arrepentidos, esa gente que ha hecho
emboscadas, que ha matado gente campesina, esta en la calle,
suelta. Y la gente inocente esta presa. Que injusticia se comete.
Acá en Tingo María hay gente que ha trabajado
con ese señor y lo veo por el mercado campante, andando
y gente inocente, presa, cadena, treinta años. Sin qué,
por qué. Gente campesina ¿por qué?, porque
vine a pedirte, como dice una colaboración.
Sendero
o el ejército, tienes que darle porque vives
entre la pared y la espada. Yo he sufrido dos años en
la cárcel pidiendo a Dios más que todo, pidiendo
por favor ¿qué he cometido?, ¿qué de
malo había hecho para que Dios me castigue así.
Yo le dije, Diocito lindo, ¿qué hice para que
tu me castigaras así?, por favor dame libertad pa poder
trabajar porque yo era el sostén de mi casa, de mi hogar.
Más que todo acá esta presente mi señora,
que ella como le puede decir, que lo sufrió en carne
propia todo. Mi hermana, mis padres, mis hijas. Mis hijas han
quedado en el abandono. Sin comer, no dormían, desnutridas.
Prácticamente dos años estuve en la cárcel,
inocentemente. Por eso, como dicen, a veces los inocentes pagan
por los malos.
Pero, ese daño que ese señor me hizo Dios algún
día se acordará y le va hacer justicia a él.
Y quiero cederle la palabra a mi señora que está presente
conmigo, porque ella en carne propia lo vivió todas
estas cosas.
Sra. Tello: Muy buenas tardes a todos los presentes,
voy a continuar con el testimonio de mis esposo que durante
que estaba
en la cárcel ¿no?, he sufrido, le he vivido en
propia desde un primer instante ¿no?, que durante estaba
aquí en este. O sea, estaba cerrada aquí en la
cárcel de, o sea, del capitán Alí, ¿no?,
en su oficina. He sufrido mucha, muchas injusticias. Y para
continuar, después a mis hijos les he dejado en abandono,
de hambre. He pasado muchas miserias, incluso hasta a mi me
preguntaban ¿por qué tu esposo estaba en la cárcel?,
yo con la frente alta les decía, por terrorismo. Pero
yo sabía ¿por qué?, porque él era
inocente y nunca, nunca, como se llama me chupaba de nada.
También, mi hijo también estaba estudiante en
la Senati de Huánuco, yo me he visto con cuatro problemas.
Uno por ver su caso de él, otro por mi hijo, otro por
mis hijas y otro por mis hijos que no tenían para darle
el alimento a ellos. Entonces, a mi hijo le tenía que
dejar de estudiar y continuaba con sus papeles de, este justamente
el doctor John Nalvarte ¿no?, que es abogado de Ajuprod, él
bastante me apoyó Derechos Humanos. Con el doctor Mostajo
de Lima, después me busqué también un
abogado que es el doctor Juan Ponce de Huánuco.
He andado
pie a firme por su libertad de él. Y eso
quiero, como se llama terminar con mi y también pido
que se haga justicia, por esa persona que quién le acusó de
terrorista a él, gracias.
Rolando Ames:
Bien, ¿ha terminado señor Tello?,
cómo no, cómo no.
Angel Tello:
Un ratito, quiero aprovechar el momento, como
dicen y recalcar su pregunta de mi señora, pido a la
Comisión de la Verdad, que se haga justicia ante mi
persona y pedir por favor a estas comisiones de mis amigos
agricultores, que ahorita están porque de los siete,
el único que fui liberado, fui yo. Los otros seis están
todavía, como dicen cadena perpetua treinta años
y no aceleran sus papeles y es gente inocente. Y yo pido ante
ustedes que intercedan. Por favor intercedan sobre su salida
de esos señores porque ya están tres años,
el seis de junio han cumplido tres años sin saber leer
y escribir, están presos esos señores. Y agradecer
a las instituciones, a Ajoproh, Comisión de la Verdad,
de todas las personas que creyeron en mí, en mi inocencia,
como son los Derechos Humanos, el doctor Roberto Mostajo, el
padre Lancier, el señor John Nalvarte Loyola, la doctora
Rosalía Estor, la Cruz Roja, la psicóloga Carmen
Mendoza, de la Comisión de la Verdad y el doctor Juan
Ponce Moreno. Eso es todo, señor.
Rolando Ames:
Bien, a usted señor Angel Tello, a usted
señora, muchas gracias por su testimonio y efectivamente
creo que es muy importante lo que usted acaba de recordar y
es que al parecer con los mismos cargos y dentro del mismo
proceso, otras personas fueron detenidas y están todavía
en prisión, mientras que usted fue declarado inocente
después de un juicio que siguió todas las formalidades.
Por tanto la comisión ha tomado especial empeño
en todo lo que este testimonio nos trae como problema y como
posibilidad pendiente de aportar aquella justicia para personas
que puedan estar inocentemente en prisión. Muchas gracias.
Angel Tello:
Gracias a ustedes.
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