Segunda Sesión,
27 de agosto de 2002,
3 p.m. a 6 p.m.
Caso 9. Testimonio
del señor Pablo Marcani Laguna
Sofía Macher:
Llamamos al siguiente testimoniante al
señor Pablo Marcani Laguna. En el año, en el
año ochentisiete integrantes de Sendero Luminoso obligaron
al señor Pablo Marcani a renunciar a su cargo de Vicepresidente
de la comunidad campesina de Caype, en el ochentiocho el señor
Marcani fue detenido por una patrulla militar y trasladado
a la base militar de Abancay, donde fue torturado. Nos ponemos
de pie, por favor. Señor Pablo Marcani Laguna, formula
usted promesa solemne de que su declaración la hace
con honestidad y buena fe y que por tanto expresará sólo
la verdad en relación a los hechos que va a relatar.
Sí juro.
Gracias.
Humberto Lay:
Señor Pablo Marcani, muy buenas tardes,
bienvenido a esta asamblea, nos disculpará usted que
tengamos que hacerle, tenga usted que hacer esta declaración
abriendo nuevamente un dolor profundo que ha tenido en tiempos
atrás, te pedimos pues que con confianza diga lo que
le ha pasado.
Pablo Marcani:
Muchas gracias, señores de la Comisión
de la Verdad, señores presentes muy buenas tardes tengan
ustedes. Mi nombre Pablo Marcani Laguna, casado, acá mi
esposa. Tengo cinco hijas más un hijo político.
Soy del centro poblado menor Santa Isabel de Caype, que recientemente
creado. Mi comunidad anteriormente, se encontraba en una situación
pacífica, tranquila y lleno de comuneros pero con esta
cuestión de la situación política, casi
la mayoría de los comuneros han evadido, dejando a unos
cuantos comuneros que hemos estado en la postre de la miseria.
Mi testimonio se debe a que he sido torturado.
Era un mes de
junio, primeros días del mes de junio
en que he ido por cosecha, a mi regreso de la cosecha, cargado
así con mi vestimenta, como suele ser los agricultores,
discúlpenme la frase traposo. Con un simple polo y un
saquito y mi pantalón también parchadito ¿no?
Todo así, cuando regresé a mi pueblo, en la plaza
estaban ya reunido la gente, todos los comuneros. Ahí me
obligaron a descargar mi carguita y simple y llanamente ya
le envié mi carga con mi suegra ¿no?, que en
paz descanse. Ahí fui interceptado y acudí, estaba
presente en la asamblea, que eran de la base de Abancay.
Y
ya no existían autoridades, no había agente,
no había teniente gobernador, no había juez,
no había presidente. El que les habla en ese tiempo
desempeñaba el cargo de vicepresidente de la comunidad.
Entonces, uno de los sargentos pregunto a la comunidad si había
autoridades acá, y como todos me miraron a mí dije,
me presenté y dije -sí presente, vicepresidente
del comunidad-. Entonces, me presenté y me dijo ya,
nos acompañaras a Abancay y vas a atestiguarte de que
verdaderamente ya has estado presente en esta comunidad, a
mis superiores.
Perfecto, le dije. No tuve miedo alguno. Mi
hermano entonces, me dice me acuerdo que era un día jueves. Y me dice,
el día sábado estás de vuelta, viernes,
atestiguas y sábado todo tienes. Alimentación
, pasaje te vamos a dar. Perfecto, acepto. Y me llevan con
un muchacho más, con un muchacho que por miedo se estaba
escapando y lo tomaron como terruco a él. Y me dice,
me pregunta llegando a Abancay ya acá a la base, me
preguntan si este muchacho, pertenecía. Verdaderamente,
no pertenecía ese muchacho. Se corrió por temor,
porque balas sonaban y por eso se corrió al frente y
lo capturaron a él.
Entonces, como el muchacho era menor
de edad, de catorce años,
ni conocía Abancay. Entonces, el muchacho valgan verdades
que yo le enseñé al muchacho ¿no?, no
vas hablar castellano, porque quería liberarlo. No vas
a hablar castellano. Vas hablar quechua. Como el teniente ya
sabía que no hablaba porque no hablaba quechua.
Entonces,
me dice ¿cómo se llama?, y yo le digo
al muchacho ¿no?, ¿iman sutiqui?, Fidel Quispe.
Ah, entonces, ¿tú como autoridad sabes que este
muchacho ha participado en esto, en estas cuestiones del terrorismo?,
no jefe le dije. No, que yo sepa, no. Entonces, ya que se vaya.
Entonces abrieron la puerta y ya sin que nadie le obligara
entonces. El pobre muchacho pensaba que yo esa misma, esa misma
noche iba salir, pero el muchacho se había pernoctado
en EntelPerú, había me había esperado,
pensando que iba a salir yo.
Ya después cuando salí me
enteré ¿no?,
su triste vida que había pasado ese muchacho. Y siguiendo,
pasaron los días, día sábado, el día
domingo pudo ver a mi esposa que acá me acompaña,
que estaba agarrado de mis dos hijitas desde lo alto del este,
de la base pude ver del segundo piso. Entonces, yo le dicia
no, a qué habrá venido mi esposa, caramba que
si mañana voy a salir. Si bien no he salido, mañana
saldré. Pero, no era así. No era así.
Pero antes de llegar a eso, una señora que había
traído su mote ¿no?, a su hijo y su hijo me deja
a mi ese servilleta lleno de mote. Me meten a un cuarto donde
quedaba mucha pena. Daba pena. Entonces, todo ese mote, servilleta
que tenía. Cómo se me han quituneado y una partecita
pude recuperar todavía porque daba pena esa gente.
Pasando
una hora así, me trasladan a otro, ahí había
otro muchacho que también ya estaba inconsciente ya,
hambre. Tenía hambre. Todo ese pucho que tenía
tuve que darle a él. Se le ha comido hasta cáscara
y todo. Bueno, yo no me imaginaba al menos guardarme aunque
sea cinco motecitos ¿no? para la postre, que yo de repente
peor todavía he caído. Entonces, pasado día
lunes, no pasó nada. Nadies me viia estaba junto con él,
ya sentía hambre y nuestro alimento así como
dijo el señor Damián, era puro caldo.
Teníamos que conseguirnos nuestro tarrito de leche
Gloria y si tiniamos suerte venía unos cuántos
granitos de arroz, pero bastante picante, no sé si lo
harían a propósito, salado, recontra salado.
Si fuera bueno, sería lleno que nos sirvieran ¿no?,
pero a media, a media latita. Y sucede que el día martes
recién me sacan, once la noche, doce de la noche. Esa
era su hora estratégico para que nos castiguen. Me sacan,
me marrocan la mano, me vendan los ojos. Se supone que habrán
sido dos que me han agarrado del brazo y me hacen bajas del
segundo piso y ahí he podido percibir la luz bien encendida
y una muchacha le preguntan ¿lo conoces?, y la muchacha
contesta sí, sí lo conozco ha estado con nosotros.
Entonces, ya ahí sí ya empecé a temblar
yo. Me entró miedo. ¿Como es esto?, se ha equivocado
esta señorita o señora, ¿quién
sería?, ¿por qué no?, como estaba vendado
no la pude identificar. Pero su voz sí me acordaba,
siempre me acordaba su voz. Entonces ¿qué pasa?,
ya me sacan de ahí de ese cuartito a donde estaban los
otros, porque a mi costado también hay varias voces,
gritando. Otro así tendido en el suelo se supone porque
ahí lo estaban tendiendo, como a mí también
me tendieron. Y ahí, me enmarrocaron y me dice -pégate
la cabeza a la pared-. Bueno, ya me, ahí que hacen sonar
este el revólver y me apuntan acá, ya tú eres
terruco, ¿sí o no?, dices. No, nunca he sido.
Tú eres terruco, habla, habla. Con palabras soeces.
Discúlpeme la frase pero ¡habla mierda terruco!,
me dician. Habla, no, no he sido. Ah, ¿no eres?, no
sé. Alguien me mete una cabriola en el pie, pum caigo
de bruces. Como tiene una corona de diente acá, lo sentí mover
todo eso, todo movido, lo retuve en mi boca. Y otro, me tienen ¡a
este cholo fuerte, este cholo fuerte!. Marrocado, me tienden
al suelo, no se alguien me pateó, me rompen la costilla.
Perdí la conciencia y cuando me desperté, mi
nariz, mi tabique, todo destrozado, que está de lado.
Con la costilla, todo eso marrocado, en un rincón botado
estuve cuando me di cuenta, cuando he escuchado voces, también
que alguno de los compañeros han estado castigando ¿no?
Porque estaba marrocado, vendado, estaba en un rincón
y a mi lado estaba un cintinela se supone que es. Y no podía
respirar. Un respiro. Esa noche todavía pudía
respirar un poquito. Pero al amanecer ya no pude y estaba con
ganas de orinar. Y había un baño y habían
seis personas encerradas, también ahí. Amaneció,
nadies se dio cuenta, nadies me da importancia, nada, nada.
Ya estaba que me orinaba. Tomé fuerza, valor y entré a
ese baño. Me di con la sorpresa de que habían
seis, que también estaban casi inconscientes de hambre,
pobre gente, hambre.
Entonces, yo le dije. Como estaba marrocado
no podía
sacar pero de repente iba a comprometer a esos señores
también. Entonces, el único que dije, por favor
estamos entre varones ¿puede sacar mi miembro y hacerme
orinar este baño?, por favor. Porque ya mi manos ya
no funcionaban. No funcionaban porque ya estaba toda la noche
amarrocado así, ya. A pesar de que desataron no, no
podía yo volver a su sitio, mis brazos.
Entonces, le
dije a esos señores que yo también
por las justas, que me acompañaron y hicieron en ese
caso humanitario. Les doy gracias a esos señores. Y
ahí estuve encerrado como dos, como dos semanas. Pasando
hambre, nuestro único diversión o pasatiempo
era mirarnos los piojos unos a otros. Sí, eso era la
realidad. No había nada qué hacer, mirar techo,
pared a pared. Uno nos decíamos ¡mírame
la cabeza!, nos mirabamos. Ahí existía, ahí recién
pude ver que sí, debemos apoyarnos unos a otros. Yo
miraba al otro, el otro me miraba a mí. El hambre me
hizo obligar a vender mi corona de diente, porque estaba movido
ya, lo saqué. Y ese corona en un solo día se
fue. Porque el cintinela me decía -te compro pan, pero
cincuenta por ciento para mí- Sea, lo que sea pero tráigame
algo pa comer, quiero pa comer.
Un día se me fue mi corona. Pasaron días, nos
sacan, no sé como lo toman esos señores este.
Iba haber un cambio de contingente de acá, con el de
Cusco. Los antiguos ya de baja creo y los que iban venir de
Cusco, para acá ¿no?, los nuevos. Nos sacan eso
de una de la mañana hacia Curawasi, marrocado, vendado,
a un grupo de, otro de repente han sido terrucos, otros inocentes
como yo pero marrocados y vendados. En el carro eso, debajo
del asiento donde se sentaban los soldados ¿no? Y el
bache que daba era un castigo tremendo y el frío a esas
horas pasar su [..]. Era un martirio y con esa ropa que estábamos.
Yo todavía al menos estaba con mi saquito pero otros,
con su polito que han caído. Y sufrí todo ese
frío. Eso era una penuria.
Y los tacones que a propósito los cachacos nos daban
debajo del asiento que estábamos, los tacones, nos caían
a cada rato. Si gritabas y dicias por favor, calla terruco,
otro tacazo. Molidos llegábamos a Quebrada Honda. En
Quebrada Honda había un camión, se fue llevando
a Cusco, a toda esa gente y esperó otro camión
de regreso que regrese con la nueva gente, y ahí, el
calor así marrocado , tendido y el carro de metal, encima
el calor. Otro calcinación. Pedíamos agua, como
a chancho, ¿quieren agua?, ya toma agua. Un baldazo
de agua, dos baldazos, tres baldazos, pero había agua,
ya nos refrescaba. Pero con toda esa ropa mojada de regreso,
regresar de vuelta a Suracasi y con esa ropa mojada. Otra penitencia.
Llegamos a la base, estaba cantando el gallo. Eso de las tres
de la mañana, cuatro de la mañana así.
Llegamos, como dije enantes, hay soldados buenos, hay soldados
malos. Para que había un sargento que tanto le recuerdo.
Esa noche que hemos venido empapaditos, no había nada.
Entonces, me hizo cantar, ¿tú eres tigre?, si
soy tigre, le dije. Ya, ¿tú eres bacán?,
si soy bacán. Ya, ¿tú eres bacán?, ¿no?,
ven acá.
Me quitó mi saquito, mi polo, ya. ¡Sácate
el pantalón!, había un catre ahí de metal ¿Tienes
frío?, ¿quieres dormir calentito?, si quiero
dormir calentito. Me hizo tender ahí, así, así sin
ropa. Duerme hasta mañana. Solito, mi ropa no se adonde
lo han llevado. Encima de todo eso, había un montón
de catres ahí de metal, eso de alambre así. En
eso cerró la puerta, Que iba a dormir yo, me paré,
me senté. Así, así, desnudo. Y no faltó un
sargento que le dije enantes de buena fe, ¿qué haces?,
me dician payaso. Adentro me llamaban payaso por el saquito
que tenía, ¿qué haces payaso?, no sé,
no sé que hago. Estoy así en traje de Adán
le dije. ¿Quién ha sido eso?, ¿quién ha
sido?, cintinela lo llamó ¿no?, no, no sé tampoco
dijo. Entonces, gracias a él recuperé mi saquito,
todo eso, pero no sé quién habrá sido
el que me ha llevado. No, pero de cara tampoco no lo puedo
conocer porque por frío que tenía, todo eso.
Pude recuperarme eso y encima me trajo dos frazadas. Gracias,
digo a este sargento caramba que, esté donde esté lo
puedo reconocer y darle las gracias ¿no?
Pasaron los
días otras tortura. Otra tortura que consistía
en que ponían cilindro de agua y te ataban desnudo a
una banca. Los pies amarrados y los brazos incrustados hacia
la parte inferior de la banca y la cabeza, colgando ¿no?
Y conforme te iban levantando la parte de donde están
los pies, la cabeza iba entrando al cilindro. Y como estabas
de nariz, de hecho que el agua, basta que tú absolvieras
un poquito y ya estabas ¿no?
Y todo eso he pasado, después pasando eso, no sé como,
como una salvadora, una señora entró. Yo pienso
que era de Derechos Humanos. Vieron eso que entraron. Entonces,
al toque me dijo, al que me estaba castigando, ¡párenlo,
párenlo y que se esconda detrás del pilar!. Me
escondieron así desnudo. Ahí no sentía
ni frío, nada por la cólera que tenía,
quería morirme. Francamente, quería morirme.
Porque antes de castigarme, meterme al agua, llamaron a uno,
pienso que ha sido enseñado, de repente ha sido verdadero, ¿quién
sabe?, y me dijo tú compañero, yo te he visto
tú has participado ¿en Chucsemaray?, ¿sí o
no?, me dice. Que tal broma, le digo ¿no?
No, nunca
he participado ni te conozco, si usted me quiera sonsacar,
estás perdido, porque si me quieren matar
que me maten de una vez por todo, no quiero sufrir última
hora. No quiero sufrir, que me maten, nunca he participado.
Eso ha sido, ese día. Al día siguiente otro tortura.
La colgada, como lo llaman ellos. Te amarraban acá,
marrocado, te colgaban, no sé si habrá sido de
metal, eso donde colgaban. Yo todavía me daba cuenta,
consciente todo eso, conforme te iban levantando ibas perdiendo
conocimiento. Porque todo el grito, todo el peso que se te
venía, pienso que mis brazos, estaban acá, ya.
Yo perdí conocimiento, cuando me di cuenta me estaban
haciendo volver mi brazo a su sitio. Pero ya todo eso brazo
que anteriormente ya estaba todo resentido y encima de eso,
total. Y con la costilla rota, total. Y posteriormente, me
llaman al último castigo que para mi es una deshonra ¿no?,
tremenda deshonra que eso si nadie me lo va quitar, las heridas
tal vez que siento, pero psicológicamente eso sí.
Para mí que esta gente, no sé si han instruidos
para sadiquearse de uno, o para simplemente hacer preguntas
e investigar. Antes de que me metan al baño. Mi llevan
al cuarto de investigación ahí donde funcionan
ahí un señor que estaba tipeando máquina
ahí. Me llevan ya sin vendas, sin alguna nada. Ese,
a ese cuartito y veo a una señorita. Y le preguntan
a la señorita ¿este es el tipo que le ha tildado?,
este ¿la conoces de verdad?, y la señorita le
dice no. Y ¿cómo mierda me has dicho primero
que la conocías?, no lo conozco. Por miedo le dijo.
Pobre muchacha a raíz de eso, castigo.
Ahí, pude escuchar, lo retiraron a ella. Pienso que
se han abusado sexualmente, a esa pobre mujer porque yo escuchaba ¿cómo
quieres?, déjate y la muchacha gritando. Yo digo, si
estos investigadores, quiénes sean, ¿alguna vez
no tendrán hija? Si esa vez no lo han tenido y que a
su hija, lo hagan de esa manera o a su hijo lo haguen de esa
manera, sádicamente. Pienso que no. Yo en ese mismo
rato dije, yo sentí pena espiritualmente. Sí ella
me tildó, bueno ya pasará pues un tiempo. Pero
no es para que lo haguen de esa manera. Porque errar es humano,
sí errar es humano.
Bueno, pasó eso. En ese mismo rato me sacan una foto,
donde habían en una foto. En esa foto habían
dos barbudos, yo ni la conozco. Y me preguntan ¿conoces
a estos señores?, no le digo. Sí lo conoces,
no le digo ¿Quieres estar libre?, sí quiero estar
libre, ¿cómo quién?, ¿cómo
cuál de ellos?, como no lo conozco ¿Cuál
de ellos está encerrado o de repente es uno de ellos?,
como no conozco. Me la jugué, como este. A ya, que ya
está libre. Tú eres vivo ¿lo conoces?,
no lo conozco le digo, pero al menos la tientas no, la suerte.
Ya ¿tienes hambre?, si tengo hambre, ¿tienes
hambre?, sí. Acá está el dedo de tu jefe
Rocky, me dice. Y me hacen morder. ¿ Tienes hambre?, sí. Abre la boca, abro la boca.
Todavía mi dentadura doliente ahí porque varios
de mis dientes movidas. Me hace morder, ¡come, come!,
me dice. Bueno hago el intento de mascar, pero que voy a poder,
pues no. Que voy a poder. Y así me tienen ¿Y
este es tu jefe?, sí, si tú lo dices que es mi
jefe, es mi jefe, ¿qué hago?, si tú lo
dices. Oye, pero tú quieres estar libre ¿sí o
no?, si quiero estar libre. Pero ahora vas a morir cojudo,
ahora vas a morir. Vas a morir comiendo a tu jefe, me dice.
No importa, muero. No importa, ya dije esa vez, quiero morir,
quiero morir, ya si ustedes no me creen, la verdad háganme
lo que quieran, ya me han hecho todo, háganme lo que
quieran. Llegó las doce, la hora del rancho de oficiales
de ellos y me encierran a su baño de ellos. Me encerraron
a su baño de ellos y antes de eso. valgan verdades que
mes y tanto, no he hecho mis necesidades higiénicas.
Sí lo hacía, era puro aire, ¿por qué?,
porque no había comida, todo era agüita. No he
hecho esos tiempos entonces y gracias a un cocinero que nos
trajo machas ¿no?, pa que le ayude a pelar, a limpiar
las machas. Entonces, como había hambre, con un tal
que estaba en mi cuarto, un paisano Hilario, con él,
como hermanos hemos estado. Hemos comido. Limpiando, comiendo,
limpiando, comiendo hasta que nos hemos saciado.
Entonces,
eso habrá sido la consecuencia de que en
ese baño me llamó a hacer mis ese ¿no?,
pero ese rato que me encerraron había agua. Confiado
en eso, me ocupé en su baño de los oficiales.
Para qué hice eso. Llegó la una, el retorno de
ellos a la oficina. Entra el oficial, me saca y ve pues, ¿quién
ha hecho esto?, yo la verdad no hablo. Mi oficial yo lo hice, ¿quién
diablos te ha dado permiso pa que hagas esto acá, en
mi baño? Pero mi oficial, qué cosa quería
usted, que lo hiciera en, que me hiciera yo en mi pantalón
o que lo hiciera en el piso habiendo. Mi mala suerte es que
en ese rato el agua había estado sectorizado y no funcionaba,
no había agua. Eso ha sido. Ya tú eres pendejo,
tú eres pendejo, recontra pendejo eres, payaso, me dice.
Me palmea en el lomo, ¿sabes lavarte con shampú?,
sí le digo. Ya perfecto, ¡y eres más pendejo!,
me dice. Y este señor, yo todavía pues no sabía ¿qué cosa
era shampú no? Y este señor, ¡lávate
con shampú!, ¿sabes cuál es el shampú?,
el shampú es este. Me enseña el water. Lávate
con shampú. Como ya yo, ya estaba decidido ya a morir,
no me importaba nada lo que hicieran. Obedecía, tuve
que obedecer. Saqué mi excremento, a lavarme la cabeza,
todo embarrunado. Ese es sadismo, ese ya no es castigo. Ese
es sadismo. Para mí que es un sádico, esos castigadores.
Encima de eso, ¿sabes comer?, si comer, ¿tienes
hambre?, tengo hambre. Come. Medio que me atrasé en
eso. Come. Pues agarré un poco, comer. Ese ha sido para
mí, indignante. A estos señores yo no lo tomo,
como investigadores. Son sádicos para mi y en ese mismo
rato, ¿cómo se abusaban de ese muchacha?, porque
se escucha del otro cuarto, ahí mi cuarto. Le preguntaban,
pobre muchacha cómo gritaba. Y esos son, esos oficiales,
son ellos, que se creen investigadores pero en sí son
sádicos, para mí. No se puede soportar esa manera,
no. Yo pues, a consecuencia de todo eso, pues yo que pesaba
sesentiseis kilos, ahora peso cincuenta kilos, ¿por
qué?, tengo una costilla rota, y a consecuencia de eso
ya no puedo hacer trabajos forzados.
Y mis hijas estudiando,
requieren economía. Hasta más
no puedo, porque ahorita, ahorita el trabajo es pa jóvenes
y si los hay, que estén físicamente bueno. Pero
yo estoy malogrado. Recontra malogrado estoy. Por eso, por
todo esto, le doy muy gracias, muchas gracias que en paz descanse
a nuestro párroco Miguel Guiter Feliú, a nuestro
obispo Enrique Pelach, que ellos también han podido,
han apoyado en mis gestiones para que yo pudiera salir y a
mi madrina y a mi querida esposa, que ha estado dejando todos
sus animales atrás de mí y más que todo,
he tenido la suerte de que en esos momentos, en el año
ochentinueve si no me equivoco ochentiocho, salió los
Derechos Humanos. Esa suerte he tenido, creo que esa señora
que ha estado atrás de mi también ha sido, que
pertenecía a Derechos Humanos.
Y también doy gracias ¿no?, por todo las personas
que han sufrido como yo, en nombre de ellos doy gracias al
Gobierno Transitorio de Valentín Paniagua y al doctor,
el presidente Toledo, que ha finiquitado y da por concluir
este ¿no?, que salga la Comisión de la Verdad,
gracias a todos ellos y a la Comisión de la Verdad,
también doy fuerza y valor que tomen, como yo que no
desmayen. A toda esa gente que han sido torturados o lisiados
por vida, no desmayemos, estamos en manos de la Comisión
de la Verdad y a todos esos niños ¿no?, que han
quedado huérfanos. A todas las madres que han quedado
viudas o a los padres que han quedado viudos. Yo quisiera señores
comisiones, señores Comisión de la Verdad, que
nos apoye, que esto no quede aquí. Teniendo en cuenta,
como dijeron enantes mis queridos compañeros, su apoyo
por favor.
En nombre de todos esos lisiados, huérfanos, viudas,
viudos, torturados como yo, torturados como yo, tener fe, fuerza,
esperanza. Una vez un vivo me dijo, tú eres zonzo, por
qué no vas y reclamas. Eso yo le recomiendo, les pido
a la Comisión de la Verdad, hay vivos que se aprovechan
de este pánico, de esta oportunidad. Los que han sufrido
verdaderamente la violencia, estamos fregados. Por favor, eso
ténguelo mucho en cuenta. Hay personas verdaderamente
que se aprovechan de esta violencia, de este pánico
y eso no quisiera que, para eso está la Comisión
de la Verdad y como Comisión de la Verdad, vean ese
caso, por favor.
Y los que estamos verdaderamente lisiados,
estamos postrados. Ojalá que nos suceda eso. Muchas
gracias.
Humberto Lay:
Y bien don Pablo, son pocas las personas que
podríamos decir así que han estado en el infierno
y han salido de él. Usted es dichoso en esto, ha estado
en ese lugar, ha vivido, ha sufrido lo indecible y todavía
tiene fuerzas para contarlo. Le agradecemos muchísimo
este su testimonio valioso y esperamos que con el tiempo se
arregle todo y que la Comisión de la Verdad, escucha
y esperamos atenderlo en su pedido. Muchísimas gracias.
Pablo Marcani:
Muchas gracias
Caso 7 Caso
8 Caso
9 Caso
10 Caso
11


|